Otra vez sopa. Otra vez Instituto dejó pasar ayer en Parque Patricios el tren que podía devolverlo a la victoria. En el primer tiempo, ganaba 2-1 y se ilusionaba con romper la racha de tres empates consecutivos y cuatro fechas sin ganar que tanto preocupa en Alta Córdoba.

Pero en el complemento, el equipo ordenado, seguro y preciso con la pelota y práctico en el aprovechamiento de sus oportunidades, se convirtió en otro de signo opuesto. Y encima, algunas decisiones que Kudelka tomó desde el banco, no rindieron los frutos deseados.

Obsesionado más que por el juego, por el resultado, Instituto extravió la pelota, se retrasó demasiado en la cancha y no pudo sostener la diferencia. Huracán le empató 2-2 a la salida de dos córners y bien pudo haberle ganado si no hubiera levantado el pie del acelerador inmediatamente luego del gol de Barrales a los 24 minutos de la etapa final.

Con la fría óptica resultadista con la que suele analizarse el fútbol en la Argentina, podría decirse que el punto le sirve a la Gloria. Mucho más si se considera que lo obtuvo con 10 hombres, tras la expulsión de Nicolás Delmonte a los 25 minutos del segundo tiempo. Pero, en verdad, tanto Kudelka como los jugadores se marcharon del estadio del Globo con un gusto agridulce en sus paladares. Porque se terminó empatando un partido que estuvo a tiro de la victoria.


Es posible que con una cabeza mucho más positiva y con una fe superior en las propias posibilidades, Instituto hubiera podido ganar el partido. Pero si algo caracteriza a este tiempo de la Gloria es la inestabilidad emocional y futbolística. A un rato bueno, le sucede otro desconcertante. Y el jugador que enamora en las primeras jugadas, bien puede decepcionar en las siguientes. Le pasó durante toda la temporada a Instituto. Volvió a pasarle ayer por la tarde en el Tomás A. Ducó.

“Esto nos viene pasando a lo largo de todo el año y no le podemos encontrar la vuelta”, analizó en los vestuarios Raúl Damiani, el capitán de Instituto. “Tenemos tantas ganas de ganar que por pensar en el resultado, nos metemos muy atrás, nos olvidamos de la pelota y terminamos empatando o perdiendo”, agregó el lateral volante en busca de una explicación al momento que se vive.
Faltan todavía 12 fechas y hay que sumar bastante todavía para no sufrir la temporada que viene con el descenso. Pero estas palabras de Damiani acaso revelen el estado de ánimo y la opinión del plantel, el cuerpo técnico y no pocos dirigentes albirrojos. “A veces, pienso si no sería mejor que termine este campeonato para podernos rearmarnos y empezar mejor el que viene”, señaló Damiani.

El tránsito por la B Nacional se ha transformado en un calvario para Instituto. Sin fútbol, sin resultados y sin motivación deberá encontrarle rápido la salida a un laberinto que parece no tenerla.

Fuente: http://mundod.lavoz.com.ar

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